A este venenoso paraíso del erotismo y del placer. Donde los sentidos despiertan a la vida más íntima de cada hombre y mujer. En este blog todo es deleite y relajación, unidos por la temática del erotismo elegante, disfrutarás de la compañía virtual de personas de verdad, auténticas y curiosas del placer de los sentidos, de pequeños momentos envueltos en un halo erótico que te acercarán aún más a ti mism@. Comparte con nosotros tu gusto por el instinto natural del ser humano, el que le acerca a comentar y debatir sin tabúes ni prejuicios la belleza de una mirada, una pose o una expresión llenas de sensualidad y provocación, sí, provocación a ese aceleramiento innato del cuerpo y de la mente, ante la elegancia de sensaciones íntimas que podrás compartir en este blog. Siéntete a gusto entre matices de sexualidad y erotismo como lo más natural del mundo, con buena gente, respetuosa y participativa, bien aquí en tu blog erótico, bien en nuestro foro donde podrás encontrar todo tipo de temas al respecto y mucho más. Porque el erotismo no danza solo por esta página, baila ante tus ojos acorde a unos principios básicos de emoción controlada y nada vulgar. Despierta a la vida poison, adóptanos como tu página de inicio y referencia a la vitalidad y a la alegría que da vivir en completa armonía contig@ mism@, tu único límite, barrera y frontera, será el respeto, para todo lo demás….DISFRUTA ya…….

Archive for Julio, 2009

Jul
31

MANDY A LA HORA DEL TE RELATO 21 “DERRAMA TU VENENO”

Posted by Themi7007

I
Mandy y yo estábamos protegidos en la casa, ellos acomodaron su ropa y desaparecieron raudos. Mandy se duchó y bajó a preparar la cena; yo estaba en estado óptimo y leí en una hora Vita Brevis, libro de Jostein Gaardner que tenía aplazado. El género, la epístola y su contexto me hicieron pensar en la pareja del parque: mediante una extensa e irónica carta, Floria Emilia, la malograda concubina de San Agustín de Hipona, relata sus tratos íntimos con el futuro padre de la iglesia latina y cómo éste, en favor de los oscuros designios de su madre y el luminoso emplazo de dios, la abandona a la miseria en el cúlmen de su amor.

Mandy me llamó abajo a las nueve. La encontré nerviosa junto a la merecida cena extemporáneamente romántica. Aún bajo el influjo de las ardientes y dolorosas palabras de Floria, le pregunté a Mandy qué me iba a pedir, qué pecado confesaría, dado el sabroso soborno. Se sonrojó y me rogó que cenáramos y luego, con un vino, hablaríamos. La broma me costó la tranquilidad, pues Mandy en verdad me revelaría algo, no disfruté la comida de lo ansioso que estaba por destapar el vino de la confesión. La cena terminó en silencio, hurtándonos miradas. Fuimos al balcón con una botella de Tinto.

—Primero te contare una conversación. —Dijo insegura.

—No debe ser tan grave. —Intenté calmarla, aunque mi voz me delataba.

—Es acerca de esta tarde, es decir, sabes que estuve con Celia y Lorine…

—Ya me contaste, estuvieron en el Kristevaia, pero…, no es tan malo tomar un trago con tus amigas…

—No me interrumpas, se que no te va a molestar, pero creo que he sido muy atrevida, hablamos de ti, es decir, de los hombres, nuestros esposos, quiero decir, el de Lorine, Celia y Sonia. Por un instante sospeché una cruda confesión de infidelidad. “Porqué no…”, pensé, esperando lo peor, además sería más honesto.

—Continúa —Dije, intrigado e impaciente.

—Hablamos sobre fantasías sexuales, las auténticas, no para impresionar. —Tomó vino y se impulsó—. Lorine nos confesó que ha hecho casi todo, Sonia y yo nos ruborizamos. Luego Celia, que es tan callada, dijo que cumpliríamos la mejor fantasía. Nos pegamos a las sillas, no imaginas su propuesta.

—Si cuentas lo sabré. —Dije irónico, para que abreviara.

—Allí voy. — Llenó las copas y bebió sin esperarme—. Celia, muy callada, nos contó su plan, así lo llamó. “Esta vez, están todos los elementos, a ti Mandy, te gusta mirar y ser mirada”. Protesté, pero no valió de nada, ya había mostrado mis secretos. “Sonia quiere ser poseída en público y yo, como saben, no soportó un hombre encima, me gustan las mujeres”.

—Eso no me lo habías contado… —interrumpí.

—Nadie lo sabe, sólo nosotras. No se reprime pero tampoco lo divulga, tiene su vida. Nos dijo que prepararlo era cuestión de aceptar. No incluía infidelidad, sólo romper algunas normas, en cambio disfrutaríamos de lo prohibido y aplazado.

—Traeré tu contrato de matrimonio, no incluye trato con terceros, debes parar eso, Mandy. —La conminé.

—Es que… ¡ya sucedió! —Apuró otro vino, enrojeció y empujó su rostro hacia adelante, mostrándome un punto abstracto con el mentón.

—Lo que me cuentas sucedió esta tarde, dime qué fue lo que ya sucedió…

—Lo que te conté. Celia convenció a Lorine, con su fantasía, de ser su amante, Celia fue su hombre, se colocó un miembro falso, un consolador y lo harían en la calle, pero no cualquier calle, pues faltaba mi fantasía. Así llegué a casa y logré llevarte hasta el balcón…

— La pareja en el parque… ¡Celia y Lorine! —exclamé.

Quise apurar un trago, pero Mandy había hurtado el vino, nos dimos un largo beso, mezclando el vino en nuestras bocas, después de todo, no quería que Mandy anduviera por el mundo repitiendo las canalladas que Floria recriminaba a Aurelio Augustos, Obispo de Hipona y santo padre de la iglesia latina.

I I

Mandy me encontró en la ducha sacándome el sudor de la tarde calurosa. “Llegas temprano”, le dije. Después de salir del agua y vestirme me llevó hasta la ventana sobre el balcón y expuso generalidades sobre su jornada de trabajo, mientras mirábamos el tráfico y la gente caminando sobre la avenida. De pronto señaló hacia Parque Seco: retirada de la corriente de autos, había una pareja en un banco, oculta a miradas indiscretas por los árboles que enmarañaba el viento. Él la acariciaba descaradamente y ella le apretaba su entrepierna hasta que las maniobras buscaban su culminación natural; entonces volvían los besos y caricias entre deseo y temor. Eran Sísifo y su roca, hecha de manos, caricias y besos, retornando cuando se acercaban a lo que deseaban con ardor. La chica desapareció sobre las piernas del hombre, cubierta por una chaqueta, subía y bajaba impulsada por un fuelle, aumentando su velocidad hasta que él levantaba su cabecita, la de ella, a tomar aire y se besaban. Sus caras me traían un recuerdo familiar, pero no podía pensar en eso. “Sabes Mandy, me recuerdan nuestras aventuras en el bosque, en los ascensores, cuando éramos audaces”, le susurré; “Ya no tenemos esa edad, pero aún podemos hacer lo que queramos”, me respondió y para ilustrarlo, me desnudó y se inclinó sobre mi sexo, animándolo con destreza.

Dejé de mirar porque Mandy llevó su lengua enhiesta a terrenos poco explorados aún por ella, pasándola abajo de mi espalda, disfrutándome como nunca. Mi sexo erecto atacaba el vacío como soldado de plomo con su bayoneta y Mandy lo asió con fuerza, mirándome desde abajo con éxtasis; dándome la vuelta remontó mi espalda con besos y mordiscos hasta hallar mi boca. Apreté sus pezones endurecidos he hice círculos con mi lengua hasta mordisquearlos; mi mano izquierda bajó hasta su triángulo negro, penetrando con mis dedos la húmeda entrada y gritó. Fue un grito suave y ronco, pero tan erótico y salvaje, que la arrinconé contra la puerta entornada del balcón y arremetí entre sus piernas, me abrazó y resistió con fiereza, penetrándose ella misma, mirándome con ojos torvos. Demoraba mi final pues le enerva detener el goce justo cuando más lo codicia, como mariposa que amenaza escapar al alfiler taxonómico que la ata al placer o un torero que ve escapar de sus manos la espada carnal que lo lleva al éxtasis.

La arquitectura de la casa mimetizada por los árboles permitía otear hacia fuera sin ser descubiertos. Miré hacia el parque sobre los hombros de Mandy. Vi las epifitas sobre el techo de un paradero de buses; ellos reducían sus precauciones, la chaqueta cayó al piso, dejando ver senos y muslos, que saltaban y se devoraban a punto de explotar, el hombre tenía la mujer encima de sus piernas y la poseía a dos manos, una se perdía entre su falda, la otra entre sus senos. De pronto ella se paró, miró a todos lados y se quitó sus bragas, una pierna, luego otra y la guardó en su bolso, fue un movimiento tan veloz que, de no saber los antecedentes, no se sabría su significado; se sentó de espaldas y descubrió sus nalgas al macho deseante. Él no tenía más que sujetarla y empujar y ella, balanceando su cuerpo, solo subir y bajar, subir y bajar…

Giré a Mandy, sobre la baranda, exponía sus pechos a la fría noche, sus nalgas vibraban, separé sus piernas y la penetré desde atrás, nos gustaba hacerlo como toros y caballos. Cabalgábamos todos, reflejo crepuscular, mutuo y simétrico, animales hechizados copulando. Éramos cuatro haciendo el amor, formando un espejo bifronte, voyeurs todos bajo el sol como un ojo ciclópeo. Y en aquel sube y baja, mete y saca, vi que ¡nos miraban! Me detuve un instante, pero Mandy me persuadió a terminar. Nos mirábamos desde trenes en movimiento, entre humo enceguecedor, estrépitos y vapor caliente, estrellándonos en un orgasmo múltiple, paralelo, rostros de fuego, sol de venados agonizando en la piel…


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Amantis

Jul
30

DULCE RELATO 20 “DERRAMA TU VENENO”

Posted by Themi7007

Todos la llamaban Dulce a pesar de que su nombre era Ana. Adquirió ese nombre por su afición a preparar mermeladas, mermeladas riquísimas que luego disfrutábamos los demás. Pero para mí y en secreto siempre fue mi Dulce Ana.

Esta es la historia de una frustración que marcaría mi vida para siempre. Es también la historia de un verano mas, de la abuela Nicolasa y su maravillosa casa llena de recovecos donde esconderse. Es la historia de paredes blanqueadas con cal, de un pueblecito de castilla la mancha, del calor, de siestas sagradas, donde se sudaba mas de la cuenta. La historia de unas noches sin ropa, donde los sueños son demasiado húmedos como para ser recordados, de imposibles, de reencuentros y de la Dulce Ana, mi despertar sexual.

Solíamos juntarnos todos los años, en el mes de julio, con mis tíos y mi prima, en la casa del pueblo de la Abuela Nicolasa. Lo pasábamos genial. En el pueblo no había horarios, ni apenas normas. Salíamos y entrábamos de la casa cuando queríamos, nos pasábamos el día jugando, sin estudiar. Era el mejor mes de todo el año, solo había una norma, una pequeña pero importantísima norma: respetar la siesta y lo que ello conllevaba, silencio.

Aquel año al llegar, ella había cambiado de una manera brutal. Recuerdo el impacto que causo en mi, he de deciros que mi Dulce Ana tiene 3 años mas que yo y que por primera vez aquel año deje de verla como una simple compañera de juegos, para convertirse en el objetivo de todos mis deseos.

Ella llevaba dos días allí. Nada mas llegar y como siempre había hecho, la busque por todas partes, y la encontré en al huerto recogiendo tomates. La imagen de su vestido remangado lleno de tomates rojos, del rojo mas intenso que os podáis imaginar, cuajados de carne, carne prieta, dura, deseosos de ser devorados… Ella me miro, sonrió y vino corriendo a darme un beso, como siempre lo había hecho, pero aquel beso fue diferente, aquel beso era hormonalmente activo y el que desencadenó en mi una lujuriosa mirada que me acompañaría el resto de los días que pase junto a ella. Aquel beso hizo que mi Dulce Ana rozara sus pechos contra mi, así pude notar el tamaño perfecto que habían adquirido éstos. Fue un beso rápido y seguramente casto a ojos de los demás pero a mi me supo a tomates recién cortados, llenos de carne, a tomates maduros.

Habíamos cambiado los dos, eso era evidente. Yo ya había descubierto hacia unos meses atrás mi sexualidad, mi primera masturbación y algunas mas, pero las erecciones involuntarias que ella causaba en mi a todas horas, me superaban, me trataba como si nada hubiera cambiado, me proponía las mismas cosas de siempre. La casa de la abuela poseía, como he dicho antes, mil rincones para perderse. Por las mañanas solíamos desde siempre coger huevos del corral, pero ahora era insoportable verla agacharse y no imaginarme detrás rozándola, pensar que lo que ella llevaba entre las manos, redondos huevos de color carne, no eran tales, si no algo del mismo tamaño y redondez que yo poseía entre mis piernas. Cerraba los ojos y automáticamente sentía presión en los míos, era insoportable, ese verano hizo mas calor que nunca, lo sé.

Las siestas nos subíamos a la cámara. “La cámara” o también llamada “el sobrao” es una habitación diáfana con techos bajos, que hay encima de la casa, muy amplia y que mi abuela solía usar poco. Allí nos subíamos a hablar mientras todos dormían. Ella insistía siempre en hablar y yo acababa por dormirme, pero ahora la situación había cambiado, era insufrible verla a mi lado voluptuosa sudando, tumbada sin cuidado alguno. Mientras sus piernas se movían sin parar, mi mente volaba tras de ellas, de vez en cuando las abría (creía yo) inocentemente y sus braguitas quedaban al descubierto, entonces en cuestión de segundos mi cuerpo reaccionaba sin mi consentimiento y me tenia que poner boca abajo para disimular. Las noches eran mi alivio, me masturbaba en la habitación de al lado, tres o cuatro veces, incluso hubo noches que más.

Una mañana al levantarnos, mientras la abuela nos preparaba el desayuno, me guiño un ojo, y la vi alteradísima. Le hice gestos para que me contara, pero ella se acercó a mi oído y me susurro, dios mío, ¡No!, pensé, ¡no hagas eso!, no tan temprano. Sus pechos de nuevo cerca de mi, con un ligero camisoncito que apenas si los cubría, ese olor a recién levantada, anulaba los bollos que la abuela sacaba del horno, incluso el fuerte olor a leche de vaca que solía cocer hasta que se salía por todos los lados y olía a quemado. Su olor lo impregnó todo, su pelo despeinado me hizo cosquillas, pero apenas me moví, inmóvil ante ese chorro de aliento caliente que llegaba a mi oído. Duro poco, se separo y me guiño un ojo. Yo no había escuchado nada de lo que me había susurrado, tan solo me había abandonado a la situación y al placer que ella me proporcionaba.

Pase el día mas horrible de mi vida, recogiendo huevos e imaginando que eran los míos los que ella tenia entre sus manos, en el huerto y aquellos malditos tomates, duros y colorados, la siesta y sus indomables piernas, sus braguitas, y por la noche, mientras estábamos en el porche, solos, los demás dormían, o que se yo. Se acerco y me dijo:

D.- ¿Vendrás?

Y.- ¿Como?, a donde?

D.- Te lo he dicho esta mañana, estas bobo, ¿eh? Bueno pues sino me has hecho caso allá tu, yo si voy a ir y me bañare bajo ella.

Diciendo esto muy ofendida se fue a dormir.

Me quede un poco atontado, pero ¿qué me había dicho, estaba tonto? El efecto narcotizante que ella causaba en mi me hacia perder la orientación y algún que otro sentido. Decidí no dormir, quedarme despierto, y esperar a que ella se levantara y seguirla, Dios se iba a bañar ¿bajo qué? Me da igual, solo quería verla, no sé si desnuda o no, pero mojada.

Apenas dos horas mas tarde, la oí salir de su habitación y la seguí, muy despacio. Salió de la casa para ir al patio de atrás, el de la higuera, el que mama regaba todas las noches y olía a hierbabuena, ¡el de la tinaja!, ¡claro! ahí solíamos bañarnos de pequeños, se dirigió hacia ella, parecía como si sus pies no tocaran el suelo, parecía una imagen onírica, se quitó el camisón y se metió en el agua, lo hizo de una manera simple sin prejuicios ni pensárselo dos veces. Aquella imagen fugaz de su cuerpo desnudo provocó en mi una brutal excitación, era mejor aun de lo que me había imaginado, gotas de belleza habían ido dibujando su cuerpo hasta convertirlo en perfecto. No os he hablado de su rostro por que las hormonas me tenían atontado, pero mi Dulce Ana era preciosa, morena de pelo rizado y por encima de los hombros, sus ojos eran vivos y siempre alegres y sonreía, sonreía siempre. Pero aquella noche, estaba callada, inmóvil en el agua, como una ninfa del río. He de decir que el patio estaba iluminado por una enorme luna llena y que se la podía ver perfectamente. Me acerqué despacio. Ella me vió pero permaneció inmóvil mientras yo avanzaba. Hizo un ademán para que fuera a su lado, fui y me pare, no sabia que hacer. Entonces, se incorporó, vino hacia mi y me metió dentro del agua junto a ella, me fue quitando la ropa poco a poco mientras yo la acariciaba. Su piel era mi piel, mis manos se fundían en ella. Yo estaba totalmente excitado y era evidente, pero ella no le dio importancia, me metió dentro del agua y me abrazó. Mi mente olvido que era mi prima, que la conocía desde siempre, que la quería como a una hermana, olvido todo: donde estábamos, el que alguien nos pudiera pillar, todo. Olvidé hasta mi nombre, no se como sucedió, no lo se, pero en cuestión de segundos nos estábamos besando y …….y entré muy despacio dentro de ella. Eso fue los más hermoso y corto de mi vida.

Si corto, y decepcionante y frustrante, y lo que marcaría mi vida, En ese instante su madre nos descubrió y se puso a gritar como una loca. Aquellos gritos aun resuenan en mi cabeza muchas noches de luna llena. Lo que pasó a partir de ahí no merece la pena contarlo. Pero si os diré que hace ya más de 20 años de todo aquello y que la he buscado en todas y cada una de mis amantes y sobre todo os diré que desde aquella noche no he vuelto a ser feliz.

A mi Dulce e inolvidable Ana


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Amantis

Jul
29

LA RECEPCIONISTA RELATO 19 “DERRAMA TU VENENO”

Posted by Themi7007

Despues de un viaje agotador he llegado a mi hostel. Es una noche calurosa y humeda. Me recibe en la recepcion una bella señorita con un onduloso y oscuro cabello sonriendome.Su sonrisa ha hecho olvidar el mal humor que traia por mi viaje tan largo. Me da la bienvenida y me acompaña a la que va a ser mi habitacion. No puedo evitar, mientras camino detras de ella, de mirar sus agradables movimientos. Llevaba una camisa blanca con los dos primeros botones desabrochados invitandome a tener todas las fantasias que se puedan imaginar. Debajo un pantalon negro, no muy ajustado, pero lo suficiente para marcarle una cola digna de ver. Me invita a pasar a la habitacion, me informa sobre los horarios de desayuno, el telefono de la recepecion para lo que necesite ( lo que sea ? ) y que tenga una agradable estadia. Mientras me hablaba no podia quitar la mirada de sus ojos oscuros y penetrantes, no entendia que me ocurria, dado que siempre fui una persona timida que no duraba mucho tiempo mirando a los ojos de una mujer, pero sus ojos me atraian de una manera que no lograba detener. Se despide, se da vuelta para ir camino a la salida y otra vez mis ojos van directo a su nalgas, que hermosura, mi imagacion iba a dos mil kilometros por ahora fantaseando como seria esa cola y que ropa interior tendria puesta. Mi mente era una turba de imagenes hasta que oh paso algo que me hizo volver a la realidad. De repente veo que se pone en cuchillas y ese movimiento hizo que su pantalon se bajara un poco descubriendo apenas una parte de su tanga, si una tanga chiquitita negra como su pantalon que hizo mi corazon latiera a mil. Que calor me ha dado esa imagen, y se nota, y lo habra notado ella??. Se dio vuelta, sonrio y se fue de la habitacion. Ya solo comence a sacar cosas de mi equipaje, prendi la television, abri un poco la ventana, prendi el ventilador de techo y mientras hacia todo eso no podia sacar de mi mente a esta bella dama que me habia provocado un morbo inimaginable. Decidi darme una ducha para ver si podia quitarme un poco la calentura que llevaba encima, me saque la camisa, el jean, medias y boxer, prendi la ducha y deje correr el agua. Me meti, que placer es ducharse despues de un viaje tan largo. Comence enjabonandome el pecho, panza, brazos, cola, piernas y por ultimo mi pene. En ese mismo instante otra vez viene a mi mente la recepcionista y otra vez las mil y una fantasias, reviviendo desde el primero momento en que la vi detras de su mostrador hasta el ultimo con su sonrisa dejando la habitacion. Mi mente iba desde la punta de su pelo oscuro hasta la uña de su pie tan bien cuidada y de color rojo. Miles de imagenes pasaban por mi cabeza mientras el agua caia en mi nuca y mi mano tocaba mi pene ya empezando a tener una importante ereccion. Mi mente imaginaba unos pechos tersos fieles a su juventud y un color de piel morena y suave. Su aureola sonrosoda y amplia creaba el cerco perfecto a su pezon oscuro. Su cola generosa, proporcionada, bien femenina y sensual. Imaginaba su sexo adornado con su vello recortado en forma de triangulo que su tanga ocultaba a la perfeccion. Sus labios vaginales salientes y rosados.

Mi verga ya estaba dura como una roca, parada y tiersa mirando al techo. Su cabeza brillante mezclada con el agua de la ducha y las primeras gotitas de semen. Era un miembro duro que palpitaba loco de deseo. Mi mano lo recorria desde su base hasta la cabeza, que ya estaba totalmente descubierta. Era una sensacion unica e indescriptible, sentia que mi pene estaba mas caliente de lo normal. Habia empezado a tocarme a un ritmo normal pero a medida que las imagenes por mi mente pasaban lo iba haciendo cada vez mas rapido. Rodeaba mi pija con mi mano y la deslizaba a toda prisa por el tronco hasta la punta. Mis huevos estaban duros deseosos de acabar de una vez. Me retorcia de placer apoyandome con la otra mano sobre los azulejos blancos del baño mientras con mi mano derecha me tocaba sin cesar sintiendo un hormigeo en la punta de mi polla. Ya no daba mas, no aguantaba mas este calor que sentia en mis entrañas. Y cerrando los ojos y sintiendo a traves de mis dedos como mi leche iba pasando por el tronco hasta salir el primer chorro que fue directo a la cortina de baño y gozando del segundo que ya se deslizaba por la gema de mi dedo que estaba agarrando la punta de mi sexo. Mis piernas temblaban y sentia que iba a desfayecer. Salio inconciente de mi un suave gemido de placer transportandome al mas alla. Fueron segundos en que mi alma divago por vaya saber donde. Al volver a mi, senti placer, el placer que nunca habia sentido las anteriores veces cuando me masturbe. Ya respuesto termine de ducharme, me seque, me puse nuevos boxer y me acosté en la cama cansado pero feliz por haber tenido semejante placer.


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Amantis

Jul
28

EROS & THÁNATOS RELATO 18 “DERRAMA TU VENENO”

Posted by Themi7007

“Ni contigo ni sin ti tienen mis penas remedio; contigo porque me matas y sin ti porque me muero”
M.Machado

Nunca había pensado en la fuerte interconexión que existe entre amor y muerte hasta que me descontrolé, abandoné a mis sentidos y me volví loca de amor por ti. Fuiste el remedio a la muerte de mi alma pero inevitablemente me empujabas a ella cada día. Tú, mi amor prohibido, mi amor indebido, mi amor asesino. Tú, que cuanto más me destruías más siniestro placer me causabas.

La ilusión del comienzo

No te esperaba, pero entraste en mi vida sin llamar a la puerta.

Te miré a los ojos y comprendí que nunca volvería ser la misma. Y de los ojos pasé a tus manos de pétalos de rosa y a tus brazos, que me inundaban como olas de océano. En tus labios finalmente me perdí, me emborrachaste con tus besos; debías untártelos con algún tipo de droga.

Habría muerto en tus brazos para volver a nacer a tu lado. Habría hecho un pacto con el diablo para poder permanecer siempre en ti, contarte mis historias, darte mis minutos, compartir mis absurdos pensamientos, hacerte reír, soñar con una vida más bella. Quise convertirte en el protagonista de mi locus amoenus y que entre tus brazos y caricias en mi pelo despareciesen las preocupaciones.

Te miraba y me quedaba como una boba tratando de observar tu alma, desentrañar tus silencios, entrever tus miedos, descifrar tu mapa como si fueses un tesoro escondido.

Despertaste en mí emociones dormidas. Debiste hacer un pacto con Morfeo para que las dejase en ese estado de muerte en vida hasta que tú aparecieses en mi mundo. Me quise vengar de los dioses y discurrí mil formas de hacerme amiga de Cronos para engañarle y que detuviese el tiempo cuando estaba a tu lado.

Locura

Hoy te amo pero te odio como nunca pensé que podría hacerlo. No me explico cómo puedo sentir a la vez tales opuestos, pero al igual que Catulo, así lo siento y sufro. Me das vértigo. Locura. Cordura transformada en locura. Con una nube frente a mi razón, ando desvariada, neurótica, paranoica. El inconsciente te piensa, trata de entender, da vueltas, remueve, recuerda. Ahora soy tu Juana de Castilla, la loca por los celos y el desamor.

No te conozco, no sé quién eres. Quizás transformo mentiras en verdades y verdades en mentiras. Quizás ya no sé distinguir la realidad de la ficción. ¿Y si mi norte ahora está en el sur?

Me hundo en un pozo oscuro que me va arrastrando hasta el fondo. Alienada, enferma, presa de la servidumbre. Voy cayendo, cada vez estoy más cerca…

Me llevaste al laberinto y me dejaste abandonada en él, pero te quedaste con el ovillo de hilo que había traído para ti. Y sola y perdida comencé a perder el sentido.

Quisiste librar una batalla conmigo pensando que era tu enemiga, sin querer darte cuenta de que estábamos en el mismo bando. Verte peleando contra mí siguió nublando mi razón. Fui tan cándida e inocente que olvidé el escudo.

Insomnio

Estoy tumbada, con los brazos y las piernas rígidos como el metal, los ojos desgastados por el exceso de lágrimas y el cuerpo entero pegajoso del sudor de la noche. Las paredes son negras, el techo se me cae encima, me siento pequeña, diminuta.

Insomnio, cuando estás y cuando no estás. Si estás no puedo dormir pensando en que te me escapas, que te voy perdiendo. Y en seguida abro los ojos para comprobar que sigues a mi lado. Tú duermes plácidamente, mientras mi mundo, ahora reducido a ti, no para de girar y me arrolla. Los fantasmas salen de sus tumbas disfrazados con máscaras de miedo a perderte. Y el peso de tu cuerpo se me viene encima, multiplicado por mil.

Cuando no estás es todavía peor. Trato de soñar con el mañana, pero me doy cuenta de que para mí siempre es de noche. No duermo esperándote, tu recuerdo me abrasa con imágenes tatuadas en mi memoria. Mi almohada no cesa de llorarte, las pesadillas son tan reales que me mantienen abrumada el resto del día.

No oyes mis desesperados gritos de auxilio.

Pasión

Que el mundo se pare, llévame al pozo del que sólo tú puedes sacarme, déjame abandonarme con gozo a la perdición, embriagada del placer que me provoca el fuego de tus manos, el placer de enredarme en tu cuerpo. Déjame destruirme y descontrolarme, seamos un par de animales irracionales, haz de mí lo que quieras, déjame morir en tus brazos. Tanto deleite me mata, y yo quiero poseerte y matarte a ti también de placer, y te muerdo y desgarro tu piel con mis uñas. Qué dulce tormento, mi petite morte, buscar trozos de cielo en el infierno.

Dependencia y miedo

El beso de buenas noches no es suficiente, tampoco el de irte a trabajar, siempre quiero más. Me dejas con tu sabor en los labios, adicta a tu veneno, mi alimento de cada día. Te vas, llevándote mi aire, y dejo de ser pasando a la ausencia, con ganas de volverte a tener; cada minuto que pasa se esas ansias se multiplican por sesenta.

Pierdo el control de mi vida, me caigo una y otra vez con tus zancadillas y vago sola, sin rumbo hasta perderme en la oscuridad. Vuelves a encontrarme y me llevas de tu mano. Me salvas la vida, te sugiero ir por el camino de rosas pero eliges el de las ortigas, que rasgan mi piel y me causan heridas sangrantes.

Llegamos al final del acantilado, quisiste asomarme para que observase el verde paisaje. Confié en ti, di un paso, dos, tres, ya estaba en el borde del abismo, miré emocionada. Y ahí, me soltaste la mano y caí, caí, caí…

Frustración y desesperación

Me angustia ver cada día tus rosas espinadas y mi ilusión apuñalada por los vacíos de tu ser.

Cruzar de un salto y mil veces los abismos entre la absoluta felicidad y la amargura más intensa. Abrir y cerrar los ojos sin parar deseando con todo mi ser que cuando los vuelva a abrir el camino sólo sea uno, el que nos lleve a la Arcadia que inventé para nosotros.

Cada nuevo día vuelvo a abrir la puerta al dolor; cada noche regresas a llevarte mis sueños. Mañana te diré adiós, pero mañana, hoy todavía no puedo. Mañana cortaré las cuerdas de la marioneta en que me he convertido, pero mañana. Hoy sigo escuchando canciones tristes para atormentarme con nuestros recuerdos. Hoy me agarro desesperadamente a tus brazos, sin darme cuenta de que son los barrotes de mi cárcel.

Muero, muero deseando lo que no tengo, muero viviendo un camino hacia la muerte. Ahora me harían falta las palabras y consejos que te regalé.

Los círculos e intentos de despedida

No mires atrás si ya no me quieres, no me conviertas en estatua de sal. No más penúltimas veces ni espirales mortales de autodestrucción. No más desandar lo andado para intercambiarte mis lágrimas por unas gotas de elixir de la vida. No más trenes sin destino. Ni más miguitas de pan en el camino para que me encuentres. No más trucos de magia en los que apareces y desapareces constantemente, ni en los que transformas el hielo en fuego y viceversa. Ya no hay más recuperaciones; suspendimos en la convocatoria de febrero, la de junio y la de septiembre.

Pero aquí seguimos, viviendo el cuento de nunca acabar, rascando una y otra vez las costras de las heridas, engañándonos y tropezando el uno contra el otro, sentados en el mismo lugar de siempre y sin saber qué dirección tomar. Esperando a que las cosas cambien, eternizándonos, como espectadores estáticos con las manos atadas. En un perpetuo eclipse de sol.

Me gustaría poder fingir que nunca exististe, pensar en un mañana posible, sin palabras de espinas ni imágenes muertas. Jugué a ganar y perdí, te doy todas mis fichas, me rindo. Cierro el baúl de los recuerdos esperando que cuando lo abra se hayan transformado en olvidos.

Intento lavar mis heridas y que el dolor se escape por el desagüe. Esperaré a que haya una tormenta, deseando que el agua borre las huellas que has dejado en mi camino.

Enfermedad y muerte de amor

¿Cómo voy a seguir viviendo si en mis venas circula tu sangre? Si tengo un lazo al cuello, si estoy muriendo en vida, si miro atrás y me horrorizo al ver lo que pudimos ser y no fuimos. Deseo estar muerta, y es entonces cuando me percato lo viva que estoy. El dolor es insoportable. Cronos se ha vengado y los minutos ahora se han detenido.

La angustia me va comiendo las entrañas. Mis ojos se han secado. En el pecho ya no tengo ese músculo que no paraba de latir. Tengo el alma devorada y atormentada, el estómago del revés, una opresión en el pecho que me impide respirar, me agrieto, temblorosa, débil e incoherente, con las entrañas desgarradas.

Muero

Cada día muero

Muero porque no muero…

Contemptus mundi


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Amantis

Jul
27

1866 RELATO Nº 17 “DERRAMA TU VENENO”

Posted by Themi7007

Solos en el cuarto te quitaste el saco, la camisa y las botas. Tu figura se recortaba a contraluz en la ventana.

Me sentí a la vez atraída y abrumada.

Tu piel bronceada, el vello del pecho, los brazos fuertes, el vientre plano y tus manos curtidas. Tu rostro de rasgos angulosos, y esos bigotes que te hacían ver aún más recio.

La cabeza felina, perfecta, salpicada de hebras nevadas y una incipiente calvicie me dejaban sin aliento.

El misterio que se ocultaba debajo de tus pantalones me tentaba y me asustaba a la vez.

Te acercaste a mí. El aroma de tu piel y la proximidad me hicieron verte dos veces más grande, como un universo viril que contenía todas las realidades en sí mismo.

Tu mano se apoyó en mi mejilla y tus ojos hipnóticos buscaron mi mirada. Incliné la cabeza y la atrapé contra mi hombro.

Te inclinaste y tus labios apenas tocaban los míos y tu voz profunda entraba en mi cuerpo haciéndolo estremecerse.

- Quiero que confíes en mí, dijiste. – Sé que es tu primera vez y tenés miedo, pero te prometo que no voy a lastimarte.

Asentí y me entregué a la sabiduría de tu cuerpo.

Me condujiste hacia la bañera. Tu boca fue dueña de la mía y tus manos retiraron dilatando el tiempo cada una de mis prendas. Nunca había estado desnuda ante otro ser humano, pero la tibieza de tu cuerpo me convencía de que ese era mi estado natural.

Mis manos torpes luchaban contra la hebilla de tu cinturón; me permitiste librar mi propia batalla y salir victoriosa acariciando mi espalda y mi cintura.

Entonces me levantaste en tus brazos y me depositaste en la bañera con tanto cuidado como si fuera de cristal. Sólo entonces me devolviste mi boca para sonreír sereno aunque tus ojos quemaran.

Tomaste el jabón como pretexto para acariciar mi cuerpo que se transformaba en el agua que me contenía. Tus manos me recorrían entera, excepto los lugares que te reclamaban hambrientos.

Rozabas mis labios con los tuyos robándome los sonidos de mi deseo, guardándolos dentro de tu pecho, haciéndolos sólo tuyos.

Cuando creí enloquecer, tus manos calmaron el ardor de mis pechos, los tocaste, acariciaste, besaste aliviando mis pezones que, desafiantes te reclamaban apuntándote.

Entre mis piernas otra boca hambrienta ardía y te llamaba. Tenía sed de vos, hambre de vos, ansia de vos.

Entonces llegaste deslizando una mano demorada que con toque sutil, se acercaba cada vez más al foco del incendio jugando a que no lo encontraba aunque conocía perfectamente su ubicación.

Pudiste haberme tenido en ese mismo instante, entrar en mí y derramarte. Pero demoraste tu placer y el mío alimentando la caldera del deseo.

Mis manos temblorosas luchaban con tu cinturón. Quería ver, necesitaba ver qué era lo que tanto necesitaba para apagar mi sed.

Te liberaste del resto de tu ropa pude conocer tu virilidad exaltada, la primera que veía en mi vida. Me pareció fascinante y preciosa. Permitiste que la examinara, tocara, apretara para sentirla latir en mis manos.

Entraste en la bañera y te sentaste frente a mí. Me arrojé sobre tu pecho hambrienta, besé, mordí, quemé.

Hiciste que me pusiera de pie y separaste mis piernas. Tu lengua experta me llevó al límite del desmayo recorriendo, penetrando, dando suaves toques a mis propios lugares que desconocía.

Cuando sentí que iba a morir o a perder el sentido, algo explotó dentro de mi cuerpo en espasmos de un placer incontrolable. Mi cabeza no existía, estaba fuera de la realidad aullando como un animal en celo ante el primer orgasmo de mi vida. Éste aún no terminaba cuando me sentaste sobre tus piernas. Sentí el sedoso contacto de tu sexo en mí y empujé mi cuerpo hacia adelante. Necesitaba tenerte. Pero te adueñaste de mis caderas y entraste en mí muy lentamente.

En un momento sentí un dolor inesperado que me hizo ahogar un quejido.

- ¿Duele? Preguntaste en mi oído.

- Un poquito…

- ¿Lo dejamos por hoy?

Te miré incrédula. En un movimiento rápido empujé mi cuerpo contra el tuyo para tenerte totalmente a salvo dentro de mí.

Suspiraste, tus ojos ardían de pasión contenida. Las caderas se encontraban y separaban en una danza sensual. Nuestros brazos mantenían la fusión de los cuerpos y las bocas se devoraban ansiosas. Todo tu instinto de hombre se agolpaba en tu masculinidad y lo dejaste libre en mí, regalándome tu pasión, entregándola a mi cuerpo voraz. Tu convulsión en mi interior me produjo otro clímax.

Gradualmente nuestros instintos se apaciguaron dejándonos abrazados, temblorosos, exhaustos, fundidos en un solo animal en reposo. Te desinflamabas y lentamente te retirabas de mí, pero nuestros corazones latían sincronizadamente y nuestra respiración era una.

Salimos de la bañera laxos y nos refugiamos en la cama muy abrazados, muy juntos, muy uno. Me sentía embriagada y me apretaba contra tu cuerpo como si fuera lo único real en un mundo difuso. Armaste un capullo con las sábanas que nos contenía en un universo de dos.

- ¿Te gustó? Preguntaste

- Me da mucha vergüenza… pero, sí… Nunca creí… Nunca imaginé… O tal vez sí… Sabía sin saber… Es todo tan… confuso… Y a la vez… lindo… Para mí fue mi primera vez… Pero sé que hubo otras mujeres… ¿Es siempre es así?… O sea: Ellas…

- No siempre fue así, interrumpiste. – Esto es especial, diferente. No es lo mismo tener por un rato un cuerpo, que ser uno con alguien. Cuerpos y camas sobran, pero la magia se da una o dos veces en la vida, si es que se da. Hay gente que pasa por este mundo sin conocerla y algunos afortunados tenemos ese privilegio. Vos y yo somos de esos. Yo soy tuyo y te siento mía. Es un milagro maravilloso.

Me estrechaste y me sentí en casa, a salvo. Después de un largo viaje había encontrado mi hogar entre tus brazos, en tus sentimientos, en todo vos. Te vi hermoso y me sentí bendecida.

-Yo… empecé tímida. – ¡Es muy extraño!… Siento que estoy agotada pero… a la vez quisiera hacerlo todo el tiempo… ¿Soy una mala mujer?

- ¡No! ¿Cómo se te ocurre? Es normal. Tu cuerpo recuerda y tu mente vuela pero el no poder solo te prepara para dentro de un rato, cuando estés descansada. Y vas a notar que cada vez es mejor. Se te van a ocurrir ideas que te parecerán hasta un pecado, pero vas a animarte a ser libre, a inventar, a atreverte… Vas a aprender que los únicos límites son los que por algún motivo no resultan placenteros.

- Pero… Hay cosas que se me ocurren que me dan vergüenza.

- Entre vos y yo no existe la vergüenza. Lo que hagamos es sólo nuestro y si nos hace felices es bueno.

Hablamos mucho. Mejor dicho: Yo te preguntaba infinidad de cosas y vos me enseñabas que el arte del amor no tiene fronteras más allá de las que pusiéramos nosotros. Nos dormimos en nuestro capullo recuperando fuerzas para volver a amarnos, a re-crear la seducción, el ansia y el juego de descubrirnos.

Me desperté sintiendo que pasaba de un sueño a otro. El aroma de tu cuerpo me daba paz y seguridad. Al estirarme, mis muslos te tocaron y te sentí erecto. Me di vuelta y miré tu rostro dormido. Sentí un impulso repentino y me escurrí debajo de las sábanas. Tomé con delicadeza tu miembro como si fuera una pieza de cristal. Mi boca cobró vida propia y lo abrazó con suavidad. Mi lengua ardiente lo recorría instintivamente explorando y descubriendo los lugares más sensibles.

Murmuraste mi nombre entredormido y tus manos sabias aquietaron algo el ardor de mi sexo. Presioné y envolví sintiéndote pulsar de placer contra mi lengua. Entonces me levantaste para recostarme sobre la cama entrando en mi cuerpo que era tuyo, devorando mi boca que te pertenecía. Mis piernas abrazaban tu cintura, mis manos apretaban tu espalda y mis caderas se elevaban para recibirte por completo con esa sed insaciable que habías despertado en mí.

Tal como habías dicho, cada culminación era mejor, cada vez que sentía el sutil golpe de tu simiente en mi interior deliraba de placer guardando dentro de mí tu néctar nacarado.

Hicimos cosas que ni siquiera creía posibles. Parados, sentados, acostados arrodillados. Vos sobre mí, yo sobre vos. Bocas, lenguas, manos, pechos, caderas mezclándose, tocándose, comiéndose, bebiéndose, para culminar siempre fusionados y aliviando por un rato la urgencia insaciable.

Estuvimos en ese cuarto no sé cuántos días casi sin comer ni beber nada que no fuera uno al otro.
Cuando lo abandonamos y retornamos al mundo real, éramos uno. Y en el camino que recorriéramos siempre encontraríamos un escondite para armar nuestro capullo y morir uno dentro del otro para resucitar y seguir un trecho hasta la próxima vez.


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Amantis

Jul
26

MIEL EN LOS LABIOS RELATO Nº16 “DERRAMA TU VENENO”

Posted by Themi7007

Furtivamente, cada vez que el director sale a tomar el té con su esposa o con los representantes nipones de turno, unas manos experimentadas vulneran el cajón de su escritorio y sustraen la vieja pipa de diseño. Cuenta este preciado objeto (de mítica naturaleza) con ciertas sinuosidades que, comandadas con pericia e ingenio, agitan difíciles áreas en la cuestión femenina.

Doctorada en su más alta función es cuidadosamente devuelta, de modo que el jefe –tan atractivo como inmune a las insinuaciones de sus empleadas– no sospecha la razón de que el aroma de esa pipa tan incómoda de fumar, le embriague el entendimiento con secretarias y posibilidades.


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Amantis

Jul
25

MAR REVUELTO, MAR EN CALMA R. Nº15 “DERRAMA TU VENENO”

Posted by Themi7007

Muchas veces, cuando toco el piano, vienen a mi mente imágenes del mar, pero dependiendo de mi estado de ánimo está furioso o está en calma.

No sabía qué sentimiento se escondía ayer en mi interior. No había tenido tiempo para mí en todo el día, desde que me levanté con los últimos rayos de luna hasta el caer de la noche no cesó mi actividad.

Como era costumbre me incorporé con el despertador, pensándolo bien la costumbre no era tal. Hoy no lo miré con mala cara. No me di la vuelta. No pensé que le robaría dos minutos, ni que esos dos podrían multiplicarse por diez, ni que llegaría al trabajo medio peinada y sin maquillar. Simplemente, dejé las sábanas calientes sobre el colchón.

Me dirigí al baño y contemplé mi rostro en el espejo. Reflejaba descanso y, curiosamente, me pareció observar que en él se había encendido una luz.

Pasé una mano por mi cabello y me dirigí a la ducha. Con el agua a presión y un gel con aroma de lavanda pude asearme, pero ahora que lo pienso y siguiendo con las curiosidades, hice un acto diferente al del resto de los días.

Consciente de la presión del agua, mi subconsciente la dirigió hacia mi vulva, que en cuestión de segundos se abrió al placer. Sin embargo, mi mente no cedió ante la tentación. Recordé que Alba todavía estaba acostada y la situación condujo a la señora libido, atrapada, y escaleras abajo, correr hacia el mundo exterior, veneno que fluye entre mis piernas, miel para mis labios, lujuria para los de otros…

Terminé el baño y me sequé rápidamente. Tendí sobre mi cuerpo una bata de seda del color de los capullos que la tejieron. Era una bata especial, me recordaba un viaje a China hace unos años.

Fue una luna de miel muy hermosa. Cuatro ojos, cuatro piernas y dos cerebros que se funden en una mirada común, en el reflejo de unos ojos en la pupila del amado, en un cuerpo que se prolonga en el otro a través de unas manos prisioneras que conducen las piernas al mismo sitio e igual ritmo. En un pensamiento común, en un ¡cuánto te quiero!

¿Nostalgia?

Con el cuerpo cubierto volví a mi habitación para vestirme. Al pasar frente al espejo me detuve. Abrí la seda y contemplé mi cuerpo desnudo.

Rápidamente me puse la ropa interior, unos vaqueros y una camiseta, si seguía con tantas paradas se haría tarde. Fui en busca de Alba. Ella, inicialmente había sido un accidente, -el amor intenso y verdadero, el amor prometido de por vida, el amor que viaja por China, el que jamás se acabaría, pero como una flor cuando no se riega, se marchitó.

Un día, el padre de Alba salió a comprar tabaco y no regresó- ahora, ella, era la razón de mi existencia.

Alba, que bien pudo llamarse Aurora, dormía plácidamente.

Mis besos y caricias sobre su cuerpecito de leche le brindaron el más tierno despertar. Cuando vio mi rostro, sonrió. Con sus manos de azúcar me tocaba, también ella quería darme los buenos días.

La vestí dándome cuenta de lo rápido que estaba creciendo. Pensé que tendría que comprarle unos zapatos, los que tenía le venían pequeños y podrían hacerle daño a en los pies.

Le di el desayuno mientras yo también comía algo.

¡Alba!, El regalo más preciado que jamás hubiera imaginado. Con sólo mirarla, un dolor de mi vientre se transformaba en un cinturón ajustado, un dolor de pies, en unos zapatos incómodos, un dolor de cabeza, en una coleta que tensa demasiado el cabello, pero cuando era ella la que lloraba, sobre mi cuerpo y mi alma se abatía la cúpula del cielo y subían los fuegos del infierno. Por ti, ¡mi amor!, ¡daría la vida! La besé de nuevo y el corazón se me agitó al darme cuenta de los veinte minutos que le había robado a los señores puntero y minutero, y que mi mente se los había regalado a la contemplación de ese pequeño gran ser.

En media hora la había dejado en la guardería y estaba en el trabajo. Como siempre, Óscar bromeó con mi persona, más que bromear, volvió a tirarme los tejos.

-Marisa, hoy estás hermosísima. Tienes una mirada especial, ¿tuviste compañía anoche?

Hacía tiempo que las bromas o comentarios de Oscar estaban mermando mi paciencia y la relación de amistad que se suponía entre nosotros.

-Oscar, ¡no seas tonto!, sabes que sí tuve compañía. Mi hija, durmió toda la noche a mi lado.

-¿Tu hija, qué?, Mari, parece que ya has olvidado a las compañías masculinas ¿Me dejas que te invite a cenar esta noche?

Él, no perdía la ocasión para dejarse caer, pero sabía que no tenía nada que hacer conmigo. Me eché a reír y salí caminando delante “¡Ponle una vela al santo de los imposibles!, ¡quizás te de suerte!”

Transcurrieron seis horas en las que no había parado de correr. Sólo una guardia me había permitido sentarme un rato.

Al salir pasé por la librería, ya había devorado los últimos libros que comprara el mes pasado. Tenía que hacer la compra, recoger una ropa que había dejado en un taller para unos arreglos, ¡ah!, y no podía olvidar los zapatos de Alba.

Entré en el centro comercial. Compré todo lo que tenía previsto y añadí unas pequeñas compras compulsivas. Un conjunto de lencería, un perfume, unos zapatos preciosos y una falda de gasa entre verde y negra, que en esos momentos me recordó la piel de una pantera iluminada por una luna llena, que acechando en la oscuridad de la noche no se percata de que ella también es el blanco perfecto. Pensé que hacía tiempo que no me regalaba nada a mí misma. Al salir en busca de Alba en mi rostro se desplegaba una sonrisa tan grande que abarcaba todo mi rostro y mi alma.

Recogí a la niña a las seis, jugué un rato con ella y seguimos aprendiendo a pintar. Le di la cena, la bañé y la acosté. ¡Uff!

Algunas veces pienso en la cantidad de cosas que puedo llegar a hacer durante un día, entonces me pregunto cómo es posible que mi espíritu permanezca en calma, o cómo es posible que además tenga tiempo para leer o tocar el piano.

Lo cierto es que la música es el alimento de mi espíritu, que a través de ella afloran mis sentimientos, y que según lo que escuche, mi propio yo me revela mi estado de ánimo.

Cuando pienso en ayer me veo despertando a Alba, jugando con ella, dándole la cena y acostándola. El resto del día había sido completamente prescindible.

El tiempo para mí y mi piano había llegado.

Hacía bastante calor dentro de la casa, así que abrí la ventana del balcón, corrí el visillo y recordé las situaciones de la mañana. ¿Por qué me había detenido tanto en mi cuerpo?, ¿qué luz había visto brillar por la mañana frente al espejo?, ¿porqué había comprado la lencería y el perfume?

No quise seguir haciéndome preguntas. Me acerqué al piano, me senté en la butaca y levanté su tapa de caoba con una caricia. ¡Es tan especial!

Comencé a tocar y apareció el mar. Un mar bravo y bello, unas olas rompiendo en unos acantilados, iban y venían, se rompían y de nuevo crecían.

Espumas blancas que saltaban, que daban vueltas y volvían mar adentro, pero que estando dentro querían salir de nuevo, y que chocaban en su búsqueda desesperada, pero que se marchaban volviendo. El acantilado, firme, y robusto, la esperaba. Intentaba cogerla, pero no se dejaba. Recordaba una pelea de amantes, pero la roca llora, porque sabe que hoy, ella no vendrá a besarlo. Me dolían los dedos de las manos.

Estaba tocando el piano con pasión, con la misma con la que mi subconsciente dirigió el chorro de agua hacia mi sexo, con la misma con la que había detenido mi cuerpo ante el espejo para contemplarlo.

Ahora el día se ha extinguido, Alba descansaba y yo vuelvo a estar sola.

Recuerdo que bajo mi ropa se esconde un cuerpo, ese que deseara esta mañana. Recuerdo a Jose y nuestro encuentro hace unos días. Recuerdo que estoy viva ¡Esa era la chispa en mi rostro encendida!

Me levanté del taburete y dejé los zapatos en un lado. Desabroché el pantalón e introduje mi mano en la ropa interior. Recuerdo sus palabras y su aliento. Sigo desvistiéndome, tras los vaqueros cae la camisa, y reflejada en la vidriera me veo en bragas y sujetador. Me había vestido deprisa, pero la ropa interior había sido elegida para una cita. Mi subconsciente había puesto una fecha que mi mano no había anotado en la agenda.

Dejé el piano de lado y puse un poco de música. El día siguiente era sábado y no tenía que trabajar.

Me serví una copa.

Acomodé mi cuerpo semidesnudo en el sillón amarillo que tanto me gusta, quizás me imprime tanta fuerza como un sol, quizás calienta mi desnuda soledad, quizás es simplemente, un mullido sillón.

Dejé la copa en la mesa. Tiré los cojines al suelo y me dediqué a la reprimida exploración.

Me recogí el pelo y me acaricié el cuello, deslizando una mano hacia el pecho, que al rozar los pezones provocaron una erección y un cosquilleo. Con la sensibilidad a flor de piel, los pezones de punta y los dedos enroscados en ellos seguí hacia el vientre. La parada en el ombligo fue breve, pues sentía la necesidad de retirar la braga, de liberar a mi cuerpo prisionero que aullaba entre las piernas.

No me di demasiada prisa, quería disfrutar de aquella sensación por tanto tiempo olvidada. Me quité el sujetador acariciando los pechos. Me bajé las bragas acariciando las nalgas, los muslos y los gemelos. Me gustaba mi cuerpo. Los años de deporte le habían dando una armonía que supo mantenerse en el tiempo.

Ahora que me volvía a encontrar de pie y desnuda, una mano, se apoderó de ese pezón que minutos antes se encontraba erecto. La otra, quiso silenciar la vulva que pedía nuevas sensaciones, que gritaba para salir de la soledad. Introduje mis dedos en ella. Se encontraba húmeda y desproporcionadamente inmensa. Recostada en el sol, unos dedos le hicieron compañía. Mientras unos entraban y salían de la vagina, otros, acariciaban el clítoris que me susurraba un “te deseo”.

Mi mente se fue con Jose y nuestro encuentro.

Con los ojos cerrados y deseándolo, lo vi entrar en el salón. Llevaba unos vaqueros ajustados y una camisa negra desabrochada que ponía de manifiesto su tórax musculoso y su vello. Su cabello revuelto y su barba de un par de días. Tenía tantas ganas de volver a estar con él que lo recordé con una imagen cautivadora. Si me hubiera acercado a su lado hubiera olido a ese perfume con toques de bergamota que tanto me gustaba.

El soñar no ocupa lugar, y con los ojos cerrados y en plena masturbación, lo vi, lo olí y casi podía sentir que eran sus manos la que acariciaban mi piel, que era su boca la que se envenenaba con mi sexo, el que se embriaga con cianuro y un toque del néctar de los dioses, el que con Onán y conmigo, una bacanal hacían.

Extasiada, abrí los ojos, y sorprendida, me di cuenta de que mi sueño se había hecho realidad. Me exalté al verlo allí, frente a mí.

Intenté levantarme, pero él se acercaba cauteloso.

Tomó mi cuerpo desnudo por la cintura. Besé su cuello mientras le quitaba la camisa. Al abrazarlo me di cuenta de su erección, del deseo que en él despertaba.

Entre besos locos me dijo que se había acordado de mí y que venía a verme, que no se esperaba el recibimiento, pero que le gustaba. Me apretó entre sus brazos, con sólo uno rodeó mi cuerpo ardiente, con el otro se quitó el pantalón.

Me apretó las nalgas con fuerza. Mi monte de Venus acariciaba su pene erecto. Mis manos su cabeza. No sabíamos dónde terminaba uno y empezaba el otro.

Su fuerza y su deseo me levantaron un poco del suelo, lo justo para introducir su pene en mi vagina extasiada y sedienta. Juntos iniciamos el más rítmico de los bailes. Una danza que movía los cuerpos al son de la música encerrada en nuestras mentes.

Una imagen, la de mi alma tomando agua del manantial; por momentos, volvía a mi cabeza el mar bravo, el dulzor del veneno. Ahora las olas eran más grandes, rompían con más fuerza, pero el acantilado no permanecía inmóvil. Lavas que penetraban mar adentro, que en su búsqueda perdían el cuerpo, que a su lado, sólo quería ser fuego.

Tenía entre mis brazos aquello que tanto deseaba. Cuerpos y gargantas que emitían cantos de placer, que al unísono iban a la búsqueda del más preciado de los tesoros, dejar de ser dos para convertirse en uno solo.

Yo, a punto de tener un orgasmo. Él, conteniendo el suyo me levantó y salió de mi interior. Me depositó en el suelo entre los cojines del sillón. Devoró mi vulva que no puedo resistirse ante el asalto de pasión esperado y sorpresivo. El manantial retenido entre mis piernas, como el agua de una tormenta que inunda campos y rompe presas, ante tanto desenfreno, brotó, pero se deslizó sin demasiadas turbulencias. Suavemente, bajó entre mis piernas. Sació su sed y dejó los últimos restos en el sol.

Él, levantó su rostro. Acarició mi cabello y me besó en los labios. Tomó mis pechos y con la mayor de las dulzuras, con el más esperado de los contactos, se colocó sobre mí. Volvíamos a iniciar la danza, nuestros gemidos entrecortados salieron de nuestro interior. Habíamos alcanzado el trofeo. Dos cuerpos en uno. Movimientos sincronizados. Voces al unísono. Mentes en blanco. Diez sentidos que se multiplican por mil, quizás, un millón.

Mi sexo siguió saciando su sed junto a él, y regresa el mar, pero ahora las aguas se deslizan tranquilamente entre unas rocas que huelen a musgo. El acantilado no quiere marcharse definitivamente, quiere seguir ahí, donde ha estado por siglos. Quiere verla enfurecida, verla alegre, triste, melancólica, dulce y suave. Simplemente, quiere sentirla.

Los dos, exhalando endorfinas, fluidos, feromonas, aires de tierra adentro y de mar rompiendo. Acabando y sin terminar, envenenados de lujuria, nos tendimos en el fresco suelo de porcelana.

Una suave brisa movía los visillos y evaporaba todas las esencias que se habían depositado sobre nuestra piel. Por momentos, pensé que todo había sido un sueño, que eran tantas las ganas de sentirme amada que sentada en aquel sillón, di rienda suelta a mi imaginación. Acerqué mi mano hacia él. Era cierto, estaba ahí. Aprovechando la certeza lo acaricié y me abracé a él.

Me abrazó receptivo acercándome aún más. Me comentó que esa mañana le había sucedido algo extraño. Cuando se miró en el espejo pudo observar una luz nueva en su rostro. Un punto de claridad que nunca antes observara. A lo largo del día había vuelto sobre esa imagen, pero lo que recurría continuamente a su mente era el encuentro de hace unos días con esa amiga de la adolescencia, con esa misma que ahora abrazaba, con esa despistada que esta noche había dejado la puerta de su casa abierta permitiéndole la entrada.

- No sé muy bien lo que me pasa hoy, le respondí, también ando un poco ensimismada. Mis pensamientos han vuelto a ti, lo curioso es que casi no te recordaba.

En realidad me parece que no te había olvidado, que siempre tuviste un pequeño hueco en mi corazón.

Sinceramente, el encuentro de hace unos días es lo mejor que me ha pasado en muchos años.

- Fueron días bonitos, aquellos que vivimos en el instituto, cuando nos saltábamos las clases de latín para pasar a las de lengua. Una sonrisa pícara se dibujó en su cara.

- Parece increíble que habiendo estudiado juntos, habiéndonos querido tanto, nuestras vidas un día se separaran.

- Tengo la sensación de que cuando crecemos nos hacemos tontos. Olvidamos lo que nos gusta de un día para otro, y comenzamos de cero.

Le respondí que no creía que eso fuera a empezar de nuevo, simplemente son cosas de la madurez, de la evolución, de vivir acorde con unos valores que poco a poco vamos forjando.

En algún momento se tiene que producir la ruptura.

Le comenté que esa mañana a mí también me había sucedido algo extraño, al mirarme en el espejo encontré un punto de luz que antes no existía.

No traté de explicarlo, porque sabía que ese punto eras tú.

Juntos reímos la coincidencia.

En mi mente comenzaron a deslizarse aguas de un mar que acaricia las finas arenas de una playa volcánica. Imágenes de una puesta de sol amarilla y naranja, que vuelve violeta el agua y que se retira suavemente para volver de igual manera. Acaso le entrega los pétalos de una flor a esas arenas que en algún período de la Historia fueron acantilados.

Imágenes de dos cuerpos desnudos que tomados de la mano pasean por la playa.

No sabía quiénes paseaban, sin demasiado suponer podrían ser Jose y ella; no sabía hasta cuándo iba a durar el paseo, pero fuese lo que fuese iba a permanecer a su lado.

Temía romper el silencio que se había tendido entre ellos cual anhelada frasada, romper la magia que ahora flotaba al compás de unas cortinas de gasa, pero tenía que hacerlo.

- Jose, ¿qué piensas?

- En realidad no pienso nada, contestó él. Sólo disfruto de esto que hemos compartido, del frío del suelo y del calor del alma ¿Por qué?

- Nada en especial. Sólo dame una imagen, la que pasee en estos momentos por tu mente.

- El mar, una playa. Un paseo de tu mano y una puesta de sol naranja.

- ¿Y una música?

- Un sonido, el de tus pies en la arena y el del balanceo de las aguas.

Marisa sonrió y se abrazó a él lo más intenso que pudo. Sabía que entre ellos no había desaparecido aquello que en algún momento de sus vidas los había unido.

- Me parece que ese sonido tiene nombre, ¿acaso se llama amor?

El la abrazó aún más fuerte y depositó un beso en sus labios.

- Sí, se llama la madurez del amor de la adolescencia.

La casa se había quedado en silencio.

Alba dormía en su habitación. Su madre y su amante yacían en el suelo de una escena de pasión, y sin música de fondo y con dulzura en el alma, durmieron cual adolescentes en el suelo de una tienda de campaña.

El día despuntó, un nuevo sol brilló en el cielo con todo su esplendor. Bajo él, un mar que lo representa todo y nada. Un mar en furia, pasión o rabia, en calma, sosiego o ahogo… todo depende de las circunstancias.


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Amantis

Jul
24

CARA DE LORO RELATO Nº14 “DERRAMA TU VENENO”

Posted by Themi7007

Había regresado de Caracas. Juana, quince años después volvía a su casa. Ahora tenía treinta y cinco. Según mi hermano, Juana no había cambiado demasiado pese a los años transcurridos, salvo su piel que ahora era más oscura. Seguía poseyendo aquella nariz aguileña que le confería a su cara el sobrenombre que en los años cincuenta se le daba a ese tipo de perfiles: Cara de loro. Yo no podía recordarla, pues tenía apenas unos meses de vida cuando Juana se marchó con sus padres a Venezuela buscando parece ser una vida mejor Escribía desde allí de vez en cuando a mi hermano, del que siempre había estado enamorada, según decía mi madre. Ahora al volver se encontró con que mi hermano acababa de casarse. Así que decidió olvidarse de él aunque siguió visitando a mi madre casi a diario, ya que vivía muy cerca y tenía mucho tiempo libre.
Sus visitas resultaban de lo más aburridas para mí, pues solía traerse las agujas de hacer punto y se pasaba varias horas hablando con mi madre de Venezuela con el acento que allí había adquirido y que le daba, o al menos a mí me lo parecía, un toque original que yo no había conocido antes. Además, me molestaba con su continuo parloteo y no me dejaba escuchar la radio que a esas horas siempre programaba la música de las peticiones del oyente.
–Tienes que echarte novio,– le repetía todos los días mi madre. Y ella, bajando la cabeza siempre contestaba lo mismo:
–Con mi edad ya no me quiere nadie, Inés. Creo que me voy a quedar para vestir santos. –A lo que mi madre añadía:
–¡Claro y más si te pasas la vida haciendo punto como una vieja. Sal a la calle, ve al cine, búscate amigos y amigas y vete a bailar. Diviértete!
Juana asentía y durante un buen rato permanecía callada, imprimiendo a las agujas un ritmo frenético hasta que las cambiaba de mano y ensartaba el primer punto de la siguiente vuelta.
Siempre estaba seria, como enfadada. Nos contó su madre, que Juana estuvo a punto de casarse en Venezuela, con un hombre mucho mayor que ella, gordo como un barril, pero tres meses antes de la boda, murió de un infarto.
Yo pensaba que su aparente tristeza se debía también a que su familia estaba un poco harta de tenerla todo el día en casa sin hacer nada y se lo reprochaban continuamente. Bueno, en realidad su madre y sus tías ya que su padre se había quedado en Caracas con otra mujer y eso había provocado la vuelta de la madre y la hija antes de lo previsto.
Juana vestía acorde a su forma de vivir. Solía llevar alguna blusa de manga corta y colores apagados y faldas de vuelo largas hasta media pierna. Los zapatos eran antiguos y sin tacón, o muy poco. Nunca se maquillaba y era mi madre la que de vez en cuando la ponía un poco de colorete y la pintaba los labios.
Una tarde llegó a mi casa a última hora. Mis padres habían salido a dar una vuelta y yo estaba solo, estudiando en la mesa camilla del cuarto de estar. Se acercaban los exámenes de septiembre y tenía que recuperar las matemáticas, que como todos los años se me habían atragantado.
–Si quieres que te ayude con las matemáticas, –me dijo Juana, –solo tienes que pedírmelo. A mí siempre se me dieron muy bien.
Se subió un poco la falda y se sentó frente a mí. Al inclinarse para coger mi libro no pude evitar mirarle el escote. Extrañamente llevaba desabrochados un par de botones de la blusa y buena parte de sus pechos quedaron a escasos centímetros de mi cara. Ella no se dio cuenta hasta pasado un rato, cuando se percató de mis constantes miradas. Entonces noté que se ponía roja a la vez que se abrochaba nerviosamente hasta el último botón.
A partir de aquel día, empecé a estudiar en casa de Juana. Repasábamos las matemáticas en el salón, porque era la única habitación que tenía mesa En realidad tenía dos mesas, una rectangular en el centro de la sala, muy grande y gastada, donde las tías de Juana, modistas de profesión, dibujaban y cortaban los patrones en papel de seda y luego los sujetaban con alfileres a grandes piezas de tela. La otra, en un rincón, pequeña, redonda y con faldas, que era la que usaban en invierno para calentarse al calor del brasero.
Yo no tenía necesidad de brasero. No sabía exactamente por qué, pero cada vez que pensaba en Juana sentía calor por todo el cuerpo. Un día, mientras estudiábamos uno enfrente del otro estiré una pierna y la introduje entre las suyas. A través del hueco de su falda acaricié sus muslos con mi pie descalzo. Juana dio un respingo y se puso inmediatamente roja de vergüenza. Se levantó y se fue a la cocina, pero no dijo nada. Al día siguiente, volví a buscar con mi pie su entrepierna por debajo de las faldas de la mesa camilla y esta vez Juana no se movió Bajó la vista hacia el libro abierto y cerró los ojos. Estuve un rato acariciando sus medias de cristal, notando el surco de sus ligas, tocando al fin la carne tibia y temblorosa de sus muslos. Hurgué en sus bragas con los dedos de mi pie hasta que Juana, súbitamente cerró las piernas y se estremeció. Con voz entrecortada dio por finalizada la clase de aquel día. Cuando me dirigí hacia la puerta apenas pude ocultar mi pantalón mojado.
Al día siguiente, cuando llegué a su casa me hizo pasar a su dormitorio donde había colocado la mesa camilla.
–Aquí estudiaremos con más tranquilidad, –me dijo, mientras cerraba la puerta a su espalda. –mi madre y mis tías, no nos dejan concentrarnos con la radio siempre a todo volumen. –Se levantó un poco la falda y se sentó frente a mí. Alargó el brazo y entornó la cortina. Tenía los labios pintados de carmín rojo y sus mejillas estaban encendidas.


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Amantis

Jul
22

BAÑO TURCO RELATO Nº 12 “DERRAMA TU VENENO”

Posted by Themi7007

Tengo hora a las 18h00, me va a ir de fábula, estoy agotada, al borde del colapso nervioso. Nada más entrar, me impacta la belleza del Amman. Toda la decoración procede directamente de Marrakech: lámparas típicas, inmensos sofás a lo largo de todas las paredes, arquitectura de mármol y estuco blanco. Los azulejos son de época, esplendidos, jamás había visto una cerámica tan exquisita. Una enorme fuente que parece venir directamente de la Alhambra reina en medio de este palacio árabe. El agua está fresca, cristalina, me entran ganas de bañarme desnuda… Camino encima de alfombras persas que no se encuentran ni en las mejores tiendas de Barcelona.

Me cambio en un vestuario femenino y en medio de los perfumes de sándalo y pachulí que flotan en todo el aire del Amman, me visto con una simple toalla: estoy lista. He pedido un tratamiento combinando el baño de vapor con masajes con aceites esenciales. El baño me deja totalmente relajada, luego me acompañan a un salón privado donde me estiro encima de uno de estos maravillosos sofás. En las paredes, están colgadas unas lámparas marroquíes, hechas en piel de cabra en forma de pirámides y que difuman un discreto color granate en el salón, esta decoradas con henna de color pruna.¡ Me encanta este sitio!

Al suelo, encima de una mesita hay una fuente tradicional de barro, color ocre , barnizada típica de la ciudad de Essaouira: ofrece frutos secos y pequeños pasteles árabes, rellenos de miel y pistachos , son una bomba calórica, pero no pienso resistir a este deleite del paladar que me susurra:”cómeme, cómeme…”

Cierro los ojos y mientras degusto estos pastelitos exquisitos, huelo el perfume de las velas encendidas; es una mezcla de musco y sándalo con notas de flor de azahar…estoy embriagada…

Lo que no había notado, eran los cojines, son increíbles: son tan bellos que no me atrevo a tocarlos, están bordados con hilos de plata y oro, con colores brillantes, púrpura, lila con una textura de seda extremadamente suave. Pongo uno debajo de mi cabeza y dos más debajo de mis tobillos. Me siento tan bien, estoy flotando en un mar de cojines, en un océano de paz , y delicia; unas oleadas de placer planea encima de mi cuerpo: ¿Dios qué me pasa? Hace mucho tiempo que no siento esta sensación, incluso en mis mejores noches de pasión con mi novio! Deben ser las esencias orientales, los pastelitos, yo que sé…
Abro un poco los ojos, solo un poco y veo colgando en el techo una preciosa lámpara siria de color rojo, con arabescas oscuras, que refleja sus rayos de luz en la semi oscuridad del salón: los rayos son oscuros, largos, torcidos, parece un sol que se ha vuelto loco, y en mi mente perdida parecen serpientes…. De nuevo cierro los ojos, qué más da, estoy tan bien.

De hecho, ya no siento mi cuerpo, los cojines son como plumas celestiales tan suaves que me acarician el cuerpo; las serpientes bajan lentamente de la lámpara y llegan a mis pies; se enrollan alrededor de ellos, y las dejo, son gráciles y su contacto con mi piel es como el terciopelo…….no me asusto, al contrario, debería, pero no tengo fuerzas, es una delicia, luego suben despacito hasta mis piernas, luego hasta mis caderas y van subiendo poco a poco. La emoción es indescriptible, no puedo moverme, estoy en el paraíso pero me siento tan extasiada que me da igual todo, estoy flotando en un océano de cojines y serpientes, de serpientes y cojines y lo único que deseo es que esta sensación no acabe nunca…


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Amantis

Jul
21

UNA MAÑANA CUALQUIERA RELATO Nº11 “DERRAMA TU VENENO”

Posted by Themi7007

Pensaba que sería una mañana cualquiera. Una de tantas en las que tenía que reunirme con una empresa de nueva creación. Lo normal para un consultor que ayuda a los nuevos empresarios a tratar de salir de la crisis. Un par de visitas, algunos planes de negocio hilvanados, la frustración y la dificultad de tirar para delante con un proyecto propio y si acaso la satisfacción de echar una mano a la ilusión de un futuro empresario de éxito.
La primera cita era en un hotel de empresas. No se llaman realmente así, pero me parece divertidos verlos como tales. Decenas de huéspedes compartiendo espacio, cada uno con sus preocupaciones y sus objetivos. Todo muy correcto al mismo tiempo que aséptico. La formalidad hecha estrés. Nuria había requerido mis servicios como experto a pesar de que nos habíamos visto sólo en un par de ocasiones. En este caso, la institución en la que trabajo prefería que viera sus primeros días de desempeño in situ y por ello planteamos que tendríamos una sesión de trabajo en una de las salas preparadas para las reuniones.
Sobre las diez de la mañana entraba en la sede en la que tenía su empresa y tras unos minutos de espera, afortunadamente pocos, Nuria aparecía para saludarme cordialmente.
- ¿Has visto qué bonito es nuestro entorno de trabajo? - me decía mientras sonriendo me mostraba la mesa, los archivadores y el ordenador que componían su puesto compartido.
- Sí, resulta muy profesional, ya estás en marcha. Con este comienzo solamente necesitas que comiencen a llegar los clientes
- De todas formas sigo teniendo problemas con mi plan financiero, por eso pedí si no te importaba mantener una nueva reunión. No consigo hacer cuadrar el dichoso presupuesto y se supone que cualquier tipo de ayuda que pueda solicitar necesita un buen plan financiero
Siempre era igual. Emoción por un nuevo proyecto, ilusión a raudales, pero jarro de agua fría al empezar a hacer números. Me esperaba por delante un par de horas para trabajar de lo lindo.
Nos dirigimos a la sala de reuniones. Más bien habría que decir al pequeño despacho privativo. El único sitio en el que las continuas llamadas de móvil y las conversaciones de los nuevos aprendices de empresario quedarían un poco atemperados. Una mesa redonda, cuatro sillas, uno de esos cuadros infames que venden en cualquier supermercado y poco más. Aséptico hasta el aburrimiento. Comenzábamos el día.
- Si te parece te muestro las simulaciones que he hecho en el portátil - me comentó mientras sin casi dejarme contestar abría su pequeño ordenador. Tal vez ese fue el primer momento en el que me fijé más en ella. Posiblemente porque mientras se inclinaba hacia la pequeña pantalla no pude dejar de escapar una mirada a su escote. Suelo evitar hacerlo, ya que no es profesional mirar el pecho de una persona que viene a nuestra empresa a solicitar ayuda, pero en este caso no pude escapar de la atracción de un encaje negro que torneaba unas tetas mucho más prometedoras de lo que hubiera llegado a pensar inicialmente.
Nos sentamos uno junto al otro y Nuria empezó a manejar la hoja de cálculo. Los presupuestos eran un desastre. Y pese a su optimismo no me quedaban más opciones que ir corrigiéndolos sobre la marcha.
- El problema es que tu empresa tiene que adecuar los costes al precio que marcas. Y no veo claro que eso te diferencie de tu competencia
- Pero mis competidores casi no existen - respondía ella, convencida de la originalidad de su proyecto al mismo tiempo que seguía intentando cuadrar algo que a mi me parecía cada vez más complejo.
Durante media hora estuvimos trabajando hasta que decidimos que lo mejor era ver qué estaban haciendo sus competidores. Entramos en Internet y tecleó la dirección de la web de su principal competencia. Después, horas más tarde, estuve convencido de que fue una casualidad. Que tal vez el hecho de que la empresa comenzase por las letras “c”, “a” y “m” llevó a que Nuria no se detuviera en pensar que no había tecleado la página completa. Como quiera que fuere, en la pantalla del ordenador apareció una web dedicada a las cámaras eróticas. De esas en las que cualquiera puede emitir lo que desee, y evidentemente los contenidos son sexuales.
- Me encanta tu competencia. Pero creo que es difícil ganar ese producto - comenté tratando de resultar profesional. A fin de cuentas, si la página había aparecido es porque la debía visitar a menudo. Aun así no pareció sorprenderse, al menos no demasiado. Su mirada estaba fija en la pantalla pero su expresión había cambiado. Me fijé en sus labios y vi que estaban entreabiertos.
- Me gusta esta página - dijo casi en un leve ronquido
- Parece interesante. Aunque tu mercado es uno bien distinto - contesté sin saber bien que hacer. De nuevo mi mirada se escapó hacia su escote. Esta vez sin tratar de evitarlo. Estar frente a una web en la que la gente se muestra practicando sexo sin preocupaciones empezaba a ponerme cachondo.
- ¿No la conoces? A veces paso aquí muy buenos momentos - y al compás de un clic suyo apareció en pantalla un tipo con una enorme polla frente la cámara.
- Ese debe ser un director general muy aburrido - No podía apartar la mirada de la pantalla. Me fascinaba ver cómo aquella polla desconocida era masturbada en la distancia. Miré a Nuria de reojo y sentí que ella estaba hipnotizada con aquel pollón inmenso.
- ¿Te gustaría que pusiera mi cámara? - y sin dejarme tiempo para poder responder allí estábamos nosotros, en un cuadrado en el que aparecían nuestros cuerpos. Su escote y mi corbata. Dos desconocidos dentro de una película en vivo.
- Quiero chuparte la polla - me soltó casi al momento - Quiero chupártela delante de la cámara. Quiero que el mundo entero vea como puedo hacerlo. Quiero sentir tu capullo en mi garganta y saborearte.
No era lo más inteligente del mundo. Estábamos en una sala de reuniones en la que cualquiera podía entrar. Yo estaba contratado para ayudar a las personas a montar su empresa, no para que una cliente me hiciera una felación frente a una webcam, pero sólo la idea hizo que de repente sintiera un deseo loco de hacerlo. Me puse de pie, me acerqué a la puerta y al darme la vuelta me encontré con la visión plena del encaje que me había excitado hacía apenas un rato. Nuria se había quitado la camisa y sus tetas, embozadas en la fina lencería, apuntaban al consultor que no parecía qué saber hacer.
Me acerqué a ella. Miraba la pantalla mientras veía aparecer mi figura allí. Su cabeza y mi cintura. Comencé a bajar mis pantalones y mi polla, al igual que la polla desconocida que estaba en el otro cuadradito del ordenador, saltó dura y erguida.
- Dámela - y con esa palabra, simplemente esa palabra, engulló mi bálano casi hasta su garganta….

Vi mi polla deslizarse entre sus labios, entrando y saliendo mientras la pantalla del ordenador me devolvía una visión hasta ese momento inédita. Tenía la boca suave, aterciopelada, como un coño húmedo que estuviera dispuesto a engullir hasta la última gota que saliera de mis entrañas. Me agarré a sus hombros y por unos segundos cerré los ojos sintiendo la suavidad y el calor en mi polla.

- Fóllame por el culo, dame por el culo delante de todos - es lo que me sacó de mi ensueño. Estaba a punto de correrme, de derramarme por completo. Pero ante esa petició me contuve. Tomé aire mientras miraba como bajaba sus pantalones y ante mi se mostraba un coño prácticamente depilado. Simplemente enmarcado por una hilera escasa de pelo que lo hacía aún más excitante.

- Espera, quiero chupártelo yo - y poniéndome de rodillas acerqué mi boca a aquel coño increíblemente húmedo. Chupé, lamí, succioné. Mientras sentía como me movía para quedar de lado a la cámara, de forma que todos los que en ese momento estuvieran conectados pudieran ver el coño de Nuria machacado por mi lengua al mismo tiempo que metía sin problemas un dedo en su apretado ano.

- Sigue, sigue así, no pares - susurraba mientras agarraba mi cabeza y la apretaba contra su clítoris. Noté su presión en mi nuca y en mi mano sintiendo que su orgasmo iba a llegar. No hice nada por parar. Simplemente seguí lamiendo su vagina y moviendo la mano con el dedo introducido en su culo hasta los nudillos, hasta que entre jadeos y suspiros fui consciente de que su orgasmo se mezclaba con sus humedades recorriendo mi barbilla.

Sentía mi polla a punto de estallar. Había parado mi orgasmo para que ella se corriera gracias a mi boca. Y ya no estaba dispuesto a seguir fingiendo. Iba a follarme a aquella cliente, aunque fuera lo último que hiciera en mi trabajo. Así que me puse en pie y la empujé hacia la cámara, haciendo que pusiera las manos sobre la mesa.

- No hemos acabado

- Eso espero - me contestó con la voz más ronca que había oído salir nunca de una garganta femenina

Me ensalibé la polla con mi mano y abrí sus nalgas. Dudé por un momento si entraría en un agujero tan estrecho pero nada más poner mi capullo en sus proximidades me di cuenta de que no habría problemas. Empecé a sodomizarla desde detrás. En la pantalla veía mi torso y su cara. Sus vaivenes mientras mi polla entraba más y más dentro. Sus tetas hacía rato que habían abandonado el bello sujetador y oscilaban rozando la mesa del despacho. Agarraba sus caderas y sentía que mi orgasmo estaba a punto de llegar.

- Correté en mi boca. Necesito que te corras en mi boca - petición a medias gritada, a medias susurrada, que hizo que mi excitación aumentara aún más. Así que saliendo de su apretado culo y agarrando la base de mi polla para no correrme antes de tiempo volví a entrar entre sus labios.

Fueron segundos que parecieron durar horas. Quedé quieto, sintiendo la eyaculación llegar mientras ella había engullido la polla en su totalidad. Y exploté tironeando de su pelo hacia mi. Siendo succionado como un batido de crema que es engullido por la niña más golosa.

Mi polla salió de su boca. No había ni una gota en sus labios. Ni en su cara o en su pelo. Todo había quedado dentro de ella, tragado como si de un elixir empresarial se tratase. Se subió las bragas y los pantalones. Se ajustó el bonito sostén al tiempo que miraba a la pantalla y tras hacerlo, cerró la web a la que habíamos estado conectados. La hoja de cálculo, con sus miles de celdas ininteligibles volvió a abrirse.

- Entonces, ¿tu crees que con esta simulación no hay forma de mejorar el Plan de Negocio? Pues déjame que lo estudie un par de días y trato de tenerlo mejorado para la próxima reunión, ¿vale?

Salimos de la sala. Apenas habían pasado treinta minutos. Y nadie del resto de futuros empresarios pareció reparar en mi rubor mientras me acompañaba a la salida.

- ¿Aviso cuando lo tenga, verdad?

- Por supuesto, no dejes de hacerlo. Estoy seguro que lograremos que tu empresa llegue a buen término.


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